La tortilla de Ángel.
Ángel es mi vecino y él me habló de esta sencilla receta; sencilla como ha sido siempre la comida tradicional en las aldeas asturianas pero sin perder un ápice de sabor, de poder nutritivo y de ¿cómo decirlo? de sentido común.
Me recuerda a otro plato tradicional catalán, el trinxat; nada que ver en cuanto a ingredientes pero sí en la filosofía de aprovechamiento de recursos, de consumir lo que hay en la huertas en cada momento, de independencia alimentaria.
Tú un día cocinas fabes, dicho en asturiano, alubias blancas en otras regiones de España y te sobran, no muchas como para repetir pero sí las suficientes como para no desecharlas; hay que buscar un plato, para aprovecharlas. Aquí sí que no se tiraba nada.
En la versión original necesitamos además de les fabes, una cebolla, unos huevos y un poco de aceite. Yo he añadido, por mi cuenta, un pimiento rojo ¿por qué? porque seguro que queda muy rico y porque en la huerta de C y C hay muchos y hay que aprovecharlos.
Además de la cebolla, el pimiento y las fabes cocidas necesitamos huevos, perejil, sal y aceite de oliva virgen extra.
Empezamos secando bien “les fabes” : las sacamos del caldo y, en una sartén con una cucharada escasa de aceite, a fuego mínimo, las dejamos unos minutos.
Mientras hacemos un sofrito con cebolla y pimiento.
Agregamos “les fabes”, mezclamos con cuidado de no romperlas.
Batimos los huevos; picamos el perejil. Salamos.
Unimos todo y cuajamos la tortilla.