Aprovechando que la huerta de C y C está siendo muy generosa devolviendo la dedicación, la ilusión y el trabajo que ellos ponen, vamos a hacer un pescado, en salsa, este caso bacalao, con algunos productos que nos ofrece y ellos comparten.
Solo necesitamos un poco de tiempo para hacer un buen sofrito, a fuego lento, dejando que todos los productos saquen sus sabores y texturas.
Una vez que el sofrito está en su punto ya casi lo tenemos porque el pescado tarda muy poco en hacerse.
Empezamos poniendo a desalar el bacalao, en agua fría, en la nevera; dependiendo del grosor de las tajadas necesitará más o menos tiempo; estas estuvieron 48 horas, con cambios de agua dos veces al día. Y, quizás, este paso de desalar el bacalao sea el más comprometido: dejarlo salado puede arruinar la preparación y dejarlo demasiado soso nos obliga a estar atentas y rectificar con la salsa.
Dependiendo de para cuantos comensales lo hagamos tenemos que ajustar las cantidades; en este caso era para una sola ración.
En una sartén ponemos dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, con abundante cebolla partida en juliana; dejamos que se cocina unos 8 ó 10 minutos a fuego suave; no ponemos sal.
Picamos abundante pimiento rojo, verde y “verdirrojo” también en juliana; seguimos sofriendo hasta que todo esté meloso.
En ese punto añadimos una cucharada de concentrado de tomate y mezclamos.
Añadimos tomate natural rallado y seguimos cocinando.
Por último agregamos las postas del pescado, con el lado de la piel hacia abajo durante unos dos minutos; damos la vuelta y dejamos otros tres o cuatro minutos.
Es el momento de probar de sal, hasta ahora no hemos añadido nada, solo tiene la que haya aportado el bacalao.
Dejamos reposar unos minutos y servimos.