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sábado, 16 de julio de 2022

Ensalada de coliflor y cecina.


 

A veces es difícil poner color a la vida así que al menos vamos a ponérselo a la ensalada ¡y cuanto más mejor!

Cada ingrediente aporta unos nutrientes, un sabor, una textura y el color nos dice mucho de lo que nos tomamos.



Necesitamos:

Coliflor, tomates, melocotón y cecina de León.

Aliño: aceite de oliva virgen extra, sal, vinagre y 1 cucharilla de miel.

Aunque creo que no necesita mucha explicación os cuento como lo hice.

Empezamos cociendo los ramilletes de coliflor en agua hirviendo con sal; que nos queden cocidos pero firmes.

Escurrimos, dejamos enfriar y reservamos hasta el momento de montar la ensalada.

Mondamos (hacía años que no oía la palabra “mondar”) el melocotón maduro y lo partimos en gajos.

Cortamos el tomate. Podemos pelarlo, pero esté tenía la piel muy fina y no hizo falta.

Mezclamos en un tarro los ingredientes del aliño y agitamos hasta mezclar perfectamente.

Montamos la ensalada colocando los ingredientes a nuestro gusto.

Yo en el centro puse la cecina partida en lonchas muy finas.

Aliñamos con la vinagreta y a la cecina le ponemos un chorrito de aceite.


¿Comemos?

sábado, 11 de junio de 2022

Lomo adobado al estilo de León.


 

Hay piezas de carne más o menos sabrosas; la cinta de lomo de cerdo no me parece ni de las más jugosas ni con un sabor especial así que darle un toque con un adobo, creo que no está de más.

Este cerdo fue criado en Galicia a base de harina de castañas, me dijo mi carnicero, por lo que me pareció de más calidad que el cerdo blanco normal.

Adobé la carne como lo vi hacer muchas veces en mi infancia en León, con ajo machacado en el mortero, pimentón y aceite de oliva. Por mi cuenta y saliéndome de la receta tradicional, al menos la de mi familia, añadí orégano.


Necesitamos:

Filetes de cinta de lomo. La cantidad por persona depende; yo puse cuatro pero vosotros calculad cuantos podéis comer.

Adobo: dientes de ajo, pimentón dulce, orégano y aceite de oliva virgen.

Empezamos a preparar el adobo y meter la carne. En una fuente ponemos los ajos machacados en el mortero, el pimentón y un chorro de aceite; vamos pringando bien los filetes con la mezcla; espolvoreamos el orégano, tapamos con film y dejamos en la nevera.

Esto lo hacemos unas horas antes o mejor la noche anterior.

Cuando lo vayamos a cocinar solo nos queda ponerles sal y freírlos aprovechando el aceite del adobo; se puede añadir más si es necesario.

No es conveniente hacerlos demasiado para que no se sequen.

Se pueden acompañar con ensalada, patatas fritas…y en bocadillo con unas lonchas de queso están exquisitos.



¿Comemos o qué?

sábado, 7 de marzo de 2020

Puerros rellenos con cecina, al estilo de León.


Una receta que en cuanto la vi supe que tenía que hacerla. 

La leí en el blog “cocina con las Mijares”, blog que no conocía pero que tiene recetas de León y eso a mí, ya sabéis que me suena a música celestial.

Yo solamente he dado un toque para adaptarla a mí.

Me gustan los puerros, me encanta la cecina, el queso y todo junto…no se puede pedir más.


Necesitamos para una ración:
Cuatro trozos de puerro de unos siete u ocho centímetros.
Unas lonchas de cecina de León.
Un trozo de queso, en este caso queso “pata de mulo”.
Salsa bechamel: 1 cucharada de harina, leche y un poco de aceite de oliva virgen extra.



Empezamos preparando los puerros: quitamos la parte verde, que usaremos para otra cosa y también la primera capa que suele ser más dura.

Los cocemos en agua hirviendo con sal hasta que al pincharlos no notemos mucha resistencia; los dejamos escurrir.

Cuando ya no quemen los abrimos, a lo largo y los rellenamos con cecina y unas lascas de queso. Cerramos y los colocamos en una fuente de horno, con la abertura hacia abajo.





Preparamos un poco de bechamel ligera y napamos los puerros.


Calentamos el horno a 180º y metemos los puerros para que se calienten bien.

Servimos.

¡Y listo, a disfrutar!

martes, 1 de octubre de 2019

Ensalada de canónigos, uvas y cecina.




Llega el otoño y empezamos a añadir a las ensaladas los productos típicos de esta estación, en este caso las uvas.

Además esta ensalada lleva, para mí, un ingrediente de lujo, el ingrediente estrella: la cecina deLeón. 




Necesitamos:
Canónigos, o cualquier otra base verde: lechuga o mezcla de lechugas, por ejemplo.
Uvas blancas o tintas.
Zanahorias.
Cecina de León.
Aceite de oliva virgen extra, sal y vinagre.

Empezamos pelando las zanahorias y partiéndolas en bastoncitos lo más iguales posible. Las ponemos a cocer en agua hirviendo con sal durante dos o tres minutos, deben quedar con un puntito crujiente no totalmente blandas.

Escurrimos las zanahorias y las sazonamos con un buen chorro de vinagre y las dejamos en reposo para que cojan el sabor a vinagre. También se puede usar zanahorias encurtidas en conserva.

Pelamos las uvas, las partimos al medio y quitamos las pepitas. Si no queréis pelarlas, lavarlas, secarlas y quitar las pepitas.

Montamos la ensalada poniendo una base de canónigos, sazonamos con aceite de oliva virgen extra, sal y vinagre.

Agregamos los bastoncitos de zanahoria, las uvas y la cecina.


                                        ¡Y listo!

miércoles, 1 de mayo de 2019

Empanada berciana*.





La primera vez que oí hablar de esta empanada me pareció muy original pero, debo confesar, poco atractiva. ¿Empanada con patata, con acelga…? A pesar de todo despertó mi curiosidad así que la dejé ahí, en ese lugar de la memoria que de vez en cuando te devuelve las ideas aparcadas.

Ahora, una vez hecha y degustada tengo que decir que no podía estar más equivocada en mis recelos: es exquisita.

Yo he hecho un pequeño cambio en un ingrediente; cambié las acelgas por espinacas, simplemente porque la huerta de Celia y Carlos tiene excedentes de espinaca y hay que aprovecharlos.

Necesitamos para el pan de la empanada:
350 g de harina de fuerza.
120 g de agua, ligeramente templada.
80 g de aceite de girasol.
40 g de vino blanco.
10 g de sal.
 15 g de levadura fresca de panadería.
Necesitamos para el relleno:
200 g de espinacas (o acelgas).
1 cebolla mediana.
1 patata mediana.
200 g de picadillo de chorizo.
Aceite de oliva virgen extra.
Sal.

Empezamos haciendo la masa; preparamos todos los ingredientes y los pesamos.

Mezclamos el agua templada, el aceite y el vino blanco; añadimos la levadura y la diluimos; vamos poniendo cucharadas de harina y mezclando bien; yo aconsejo no poner toda a la vez ya que todas las harinas no absorben igual cantidad de líquido y puede sobrarnos algo o, por el contrario, necesitar algo más.

Agregamos la sal mezclada con la harina evitando que entre en contacto directo con la levadura.

Amasamos bien, hacemos una bola y dejamos reposar para que leve (yo meto el bol en el horno ¡apagado! para que no tenga corrientes de aire).

Mientras la levadura hace su trabajo vamos preparando el relleno: pelamos y picamos la cebolla y la patata, como para hacer una tortilla de patata y en una sartén con dos cucharadas de aceite dejamos que se vaya friendo muy despacio; solo necesitamos que se ablande un poco ya que después en el horno terminará de hacerse.
Ponemos a hervir agua y escaldamos las espinacas (o las acelgas) picadas para que pierdan volumen; escurrimos y reservamos.

En otra sartén, sin aceite, ponemos el picadillo de chorizo y lo cocinamos unos minutos para que pierda algo de grasa; este paso podéis omitirlo pero quedará una empanada más grasienta.

Dejamos templar todo el relleno.

Encendemos el horno a 200º.

La masa ya habrá levado, la amasamos suavemente y la dividimos en dos partes, una ligeramente mayor que la otra.

Estiramos la parte mayor y forramos el molde, fondo y laterales. Vamos poniendo el relleno bien repartido, primero la espinacas, después el sofrito de cebolla y patatas y por último el picadillo.



Tapamos con la otra mitad y cerramos bien los bordes; hacemos un agujero en el centro, la chimenea, para que salga el vapor al cocer y metemos al horno caliente hasta que esté dorada, unos 35/40 minutos.


                                           ¡Y listo!

*El Bierzo en una comarca de la provincia de León.

jueves, 29 de marzo de 2018

Congrio al ajoarriero (al estilo de León).







“La cocina española está llena de ajos y de preocupaciones religiosas”.

La frase, por supuesto, no es mía pero creo que encaja perfectamente en esta receta y en estas fechas.

Esta receta de congrio es muy típica de León en Semana Santa.

Es una preparación sencilla y rápida de hacer, con sabores potentes, pimentón, laurel, ajo, vinagre…y congrio; una sabrosa receta tradicional.

Necesitamos unas rodajas de congrio de la parte abierta; no nos sirve la cola ya que tiene muchas, muchas espinas. Si compramos el congrio entero, la cola se puede usar para hacer caldo de pescado para otra preparación.


Necesitamos por persona:
2 rodajas de congrio abierto.
1 patata mediana o grande.
Aceite de oliva virgen.
Vinagre, una cucharada.
1 hoja de laurel.
2 ó 3 dientes de ajo.
1 cucharadita de pimentón.
1 guindilla (opcional).

Empezamos pelando las patatas y poniéndolas a cocer, enteras, en agua fría con sal y la hoja de laurel.

A media cocción, dependiendo del tamaño más o menos tiempo, pero aproximadamente a unos 14/15 minutos, agregamos el pescado y seguimos cociendo, despacio, hasta que las patatas estén tiernas, como mucho unos 5 minutos porque no conviene pasar el pescado de punto.

Mientras pelamos los ajos y los laminamos.

Ponemos abundante aceite en una sartén y freímos los ajos (si vamos a poner la guindilla lo hacemos ahora). En cuanto empiecen a dorarse retiramos la sartén del calor y añadimos el pimentón para que se fría sin quemarse y el vinagre. Agregamos un cucharón del caldo de cocer las patatas y el pescado. Damos una vuelta a la mezcla.

Ponemos las patatas y el congrio en el plato, regamos con el ajoarriero y servimos inmediatamente.

Si no lo vamos a comer en el momento ponemos todo en la sartén donde hemos hecho el ajoarriero y después calentamos despacio.


                                           ¡Y listo!


domingo, 5 de noviembre de 2017

Alubias pintas con bacalao, al estilo Codornillos.





Codornillos es un pequeño pueblo de la provincia de León, cerca de Sahagún de Campos donde yo tengo un cuarto de mis orígenes ya que de ahí era mi abuela materna de la que, entre otras cosas heredé mi nombre.

Esta receta me la explicó mi madre que se la vio hacer, de niña, a su abuela Francisca.

Es la típica receta rica y sabrosa hecha con ingredientes que se podían tener en un pueblo leonés hace más de 100 años, legumbre (alubias pintas) que cosechaban ellos mismos y bacalao que, no como ahora, era un producto al alcance de la gente humilde por su precio y su fácil conservación.


 Necesitamos por ración:
Alubias pintas, unos 100 g.
Bacalao, unos 100 g.
Una hoja de laurel.
Una cucharadita de pimentón dulce.
Una cebolla y un diente de ajo.
Yo añadí una zanahoria, que no tenía la receta original.
Y como siempre aceite de oliva y sal.

Empezamos poniendo el bacalao a desalar en agua fría; el tiempo dependerá del grosor de las tajadas. Yo os recomiendo que no utilicéis trozos muy grandes, ya que vamos de desmigarlos sirven perfectamente partes de inferior calidad.

Ponemos las alubias a remojo en agua fría la noche anterior para que se hidraten.

En una cazuela ponemos las alubias, la cebolla partida en cuatro o cinco trozos grandes, la hoja de laurel, la zanahoria (si la ponéis), un chorro de aceite, el pimentón y cubrimos de agua.

Dejamos cocer despacio, siempre cubiertas de agua para que no suelten la piel.

Aparte hacemos el bacalao: lo ponemos en agua fría en un cazo hasta que dé el primer hervor; apagamos y dejamos templar hasta que podamos, sin quemarnos desmenuzarlo. Quitamos espinas y pieles.

Sacamos del guiso de alubias la cebolla y la zanahoria con un poco de caldo, lo trituramos. Se lo volvemos a echar.

Añadimos el bacalao y dejamos cocer despacio durante unos 10 minutos más para que se unan bien todos los sabores.

Dejamos reposar antes de servir.



                                                                              ¡Y listo!

Dedicado a mi hermano "el madrileño", que hoy cumple años: felicidades.

domingo, 8 de octubre de 2017

Alubias pintas con costilla.




Es una receta tradicional muy adecuada para combatir el frío porque los platos de legumbres aportan más calorías que otro tipo de alimentos. 

Además nos aportan muchos de los nutrientes necesarios para un correcto funcionamiento de nuestro cuerpo.

Nos proporcionan proteínas, de origen vegetal, que si se complementan con otras de origen animal, como es el caso de esta receta, hace un plato completo.

También fibra, muy necesaria para el intestino, vitaminas y minerales.

Como todos los potajes agradece una cocción lenta, suave y “con mucho amor”. El tiempo es difícil de determinar ya que hay muchas calidades y todas no cuecen igual; también depende de la época del año: en otoño e invierno la legumbre está recién cosechada y cuece antes, la legumbre “vieja” tarda más. Hay que probar para comprobar que está tierna.



Necesitamos por ración:
Entre 80 /100 g.
Unos 150 g de costilla de cerdo.
Zanahorias, cebolla, ajo y una hoja seca de laurel.
Sal, pimienta negra, ½ cucharadita de pimentón y aceite de oliva.

Empezamos poniendo las alubias a remojo durante la noche.

Ponemos un poco de aceite en una pota y freímos los trozos de carne, adobados con sal y pimienta, para sellarlos. 

Cuando están añadimos la cebolla partida en dos o tres trozos, las zanahorias peladas y enteras, unos dientes de ajo y una hoja de laurel.

Agregamos las alubias escurridas y cubrimos con agua fría, que las cubra bien, como dos dedos por encima. Ponemos el pimentón y dejamos cocer despacio, siempre cubiertas de caldo. Ponemos la sal.

Cuando las alubias están tiernas, estas tardaron unos 30 minutos, sacamos la cebolla, las zanahorias y un poco de caldo, lo trituramos en la batidora y lo volvemos a echar a la pota. Dejamos cocer unos minutos más, probamos de sal…


 
                                            ¡Y listo!