martes, 11 de abril de 2023

Huevos cocidos con salsa de espárragos verdes.


Por fin hoy podía cenar sola, por fin un día que no tendría que estar toda la mañana y media tarde rodeada de pucheros, sartenes, moldes de horno…

La semana había resultado agotadora; todos en casa, todos de vacaciones, todos con un apetito feroz y todos esperando ver en la mesa su plato favorito.

Croquetas y lasaña que pidieron los peques, sopa, con ese caldo tan rico, petición del abuelo, cordero al horno, que a mí no me sale igual, arroz con cosas, que lo tuyo no es paella, pidieron y rieron todos…

¡Por fin!

Abrió el frigo decidida a coger dos huevos para hacerse un rápido, sencillo y humilde revuelto pero…desde el fondo de la última balda la miraba ese olvidado manojo de espárragos y no pudo resistirse.

En realidad ¿qué importaba un ratito más en la cocina?


Necesitamos para dos:

3 ó 4 huevos.

Un manojo de espárragos verdes.

½ cebolla mediana.

1 cucharilla de harina.

¼ de cucharilla de cúrcuma (optativo) o unas hebras de azafrán.

Sal y aceite de oliva virgen extra.

Empezamos cociendo los huevos durante 10 minutos; dejamos enfriar y pelamos. Reservamos.

Mientras se cuecen los huevos preparamos la salsa: picamos la cebolla muy menuda y la ponemos a fuego suave con dos cucharadas de aceite y una pizca de sal para que se vaya pochando, sin que llegue a coger color.

Quitamos los extremos, que son muy duros, a los espárragos, los partimos en rodajas de 1 cm aproximadamente y los escaldamos en agua hirviendo con sal un par de minutos; las puntas las ponemos solamente los 30 segundos finales.

Cuando la cebolla esté blanda ponemos la cúrcuma (o el azafrán) y la harina, revolvemos y dejamos que se cocine durante 1 minuto; agregamos los espárragos y un poco del agua de cocerlos.

Dejamos hervir despacio y añadimos más agua de la cocción hasta dejarla en el punto de espesor que nos guste.

Comprobamos que los espárragos estén tierno y el punto de sal; rectificamos si hace falta.

Partimos los huevos en mitades o cuartos y cubrimos con la salsa bien caliente.

Servimos.


sábado, 1 de abril de 2023

Pisto con huevo y chorizo.


Las fotos es lo único que no es bueno en este plato. De noche, con luz artificial y prisa para que no se enfriara no supe hacer otra cosa.

Pero el plato es riquííísimo. Palabrita de niña de colegio de monjas. Bueno, quizá no es la mejor referencia.

Vamos a lo importante.

El plato es un “pisto” hecho a mi manera (es decir, lo que había en la nevera) con vino tinto que le da color y sabor, huevo con la clara cuajada y la yema prácticamente cruda y unas rajitas de un buen chorizo.



Necesitamos para dos raciones:

Para el pisto: cebolla, pimiento rojo, calabacín, zanahoria, tomate natural triturado y ½ vaso de vino tinto.

Aceite de oliva virgen extra y sal.

Además: 1 huevo por persona y unas rodajas de chorizo ibérico, la cantidad al gusto.

Empezamos preparando el pisto. Ponemos dos o tres cucharadas de aceite en una sartén o en una cazuela baja y amplia y vamos pochando la cebolla, con una pizca de sal, a fuego suave. 

Cuando esté trasparente añadimos la zanahoria picada muy pequeña para que se haga bien; seguimos cocinando.

Pelamos el pimiento rojo y lo partimos menudo; lo añadimos y seguimos cocinando.

Después de tres o cuatro minutos ponemos el calabacín; si es ecológico no es necesario pelarlo, solamente lavarlo, si no lo pelamos, partimos pequeño y subimos el calor, mezclamos bien y cocinamos dos o tres minutos más antes de añadir el tomate natural triturado y el vino.

Salamos y cocinamos hasta que esté espeso y todas las verduras tiernas.

Separamos  las claras de las yemas y estas las reservamos. Batimos las claras como para hacer una tortilla y las añadimos muy despacio, en forma de hilo sobre el pisto a la vez que damos vueltas; así conseguimos que no nos queden trozos grandes de clara sino que se cuaje en partículas muy pequeñas.

Solamente nos queda poner las rodajas de chorizo y las yemas, con cuidado que no nos rompan; tapamos y apartamos del calor.

Así conseguimos que solamente se cuaje la superficie quedando la yema líquida.


En el momento de servir regamos la yema con aceite crudo y... disfrutamos.