lunes, 18 de febrero de 2019

Galletas con crema de castañas.



Estas galletas son pequeños bizcochitos, esponjosos por dentro y con corteza por fuera.

Se hacen en poco tiempo, una media hora es suficiente; para un día de esos que tienes ganas de algo dulce para el café pero no tienes muchas de estar en la cocina.

Son tan fáciles que te pueden ayudar los niños.


Necesitamos para unas 20 galletas:
1 huevo.
80 g de azúcar ecológica, puede ser moreno.
200 g de crema de castañas*.
225 g de harina.
½ sobre de levadura.
Pizca de sal.

Empezamos batiendo muy bien el huevo con el azúcar para que coja mucho aire.

Cuando está cremoso añadimos la crema de castañas; yo en esta ocasión he usado crema de bote porque no estamos en época de castañas; al final de la receta os dejo como hacerla natural por si os animáis.

Mezclamos bien hasta hacer una crema homogénea, uniforme.

Unimos la levadura, la harina y la sal, vamos echando a la mezcla anterior y mezclamos bien.

Puede llevar más o menos harina dependiendo del tamaño del huevo, de lo espesa que esté la crema, del tipo de harina…por lo que os recomiendo ir añadiendo poco a poco, no toda de golpe.

Necesitamos una masa suave pero que no se pegue a las manos.

Calentamos el horno a 180º.

Hacemos bolitas de igual peso para que se horneen de forma uniforme. Yo voy pesando trocitos de masa de unos 30 g; con estas cantidades me salieron 19 galletas.

Horneamos unos 12/14 minutos, hasta que están doradas.


*Crema de castañas: es fácil pero un poco laboriosa.
Necesitamos:
200 g de castañas, sin la piel exterior.
100 g de azúcar blanco.
150 g de agua.

Empezamos quitando a las castañas la cáscara exterior y poniéndolas a cocer en agua con una pizca de sal. A los 10/15 minutos aproximadamente apagamos y dejamos templar. Antes de que se enfríen las pelamos quitándoles la piel fina que tienen. Mientras estén calientes es más fácil pero cuidado con quemarse.

Mientras en otra cazuela ponemos agua y azúcar cocemos para hacer un almíbar. Agregamos las castañas cocidas y peladas y seguimos cociendo, dándoles vuelta para que no se peguen.

Pasamos por el pasa-puré o por la batidora y seguimos cociendo hasta que espese y coja un bonito color marrón.


                                             ¡Y listo!

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