lunes, 20 de enero de 2014

Sopa de cebolla.





Una de mis sopas favoritas. Cuando quieres algo calentito, ligero (más o menos, depende de cómo lo hagáis, luego veremos), con pocos, muy pocos ingredientes y además de esos que siempre hay en casa… decídete por una sopa de cebolla.
Tiene un “problema”: necesita su tiempo. Cuando veo, en programas de la tele, que pochan cebolla en “cero coma” o expresiones parecidas me pregunto cómo lo harán o como quedará la cebolla. ¡Quizá es que yo no sé!

Bueno, empezamos por cortar la cebolla. Yo, si son grandes, las parto en cuartos y después en juliana para que no queden las tiras muy largas. Ya sabéis que la cebolla parece mucha cuando la picas pero mengua así que hay que ser generosa/o.


La ponemos a pochar a fuego suave con sal, un poco de aceite y un poco de mantequilla. La mantequilla aporta muchas calorías pero le da una suavidad y un sabor estupendo. Depende de la cantidad pero mis cebollas tardaron unos 45 minutos, al 3 en una cocina que tiene del 0 al 10. Hay que darles vuelta de vez en cuando.



Cuando veamos que está suave, melosa y empieza a dorar añadimos el caldo, en este caso de pollo, rectificamos de sal y dejamos cocer despacio unos 10 o 15 minutos.
Mientras  preparamos las tostadas con queso. La fórmula más ortodoxa dice: servir la sopa en cuencos que puedan ir al horno, poner encima el pan con queso y gratinar hasta que el queso se derrita.
Yo cambié un poco: metí el pan con queso al horno mientras cocía la sopa, la serví y puse encima el pan.




Lo que comentaba al principio sobre lo ligera o no que puede ser esta sopa, me refería a la cantidad de mantequilla que pongamos; yo creo que un poco es necesario pero cuidado no pasarnos porque además luego viene el queso… y todo junto ya suma.
Bueno, cada uno sabe lo que puede o no puede tomar depende de muchas cosas, edad, actividad física…
 
En fin, probad y ya me contaréis.




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